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Bereshit

 
 

6) Toldot «Lo presente y los trascendente»

« Cuando un individuo, una nación etc. pierde los límites que establecen el ritmo que armoniza lo presente con lo trascendente termina por distorsionar su concepto de lo sagrado »

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Cinco aspectos determinan la forma de actuar de todo ser humano: lo presente, lo inmediato, lo cercano, lo lejano y lo trascendente. Estos cinco ámbitos los podemos representar como cuatro círculos concéntricos en torno a un punto central. El centro indica nuestra realidad presente, el primer circulo señala lo inmediato y así sucesivamente hasta el cuarto, el más exterior y lejano que define el alcance de nuestra conciencia. El cuarto círculo, lo trascendente, es en última instancia el que marca nuestros límites: los valores que consideramos absolutos y que no estamos dispuestos, de ningún modo, a sacrificar: es lo que consideramos sagrado. Cuando un individuo, una nación etc. pierde los límites que establecen el ritmo que armoniza lo presente con lo trascendente termina por distorsionar su concepto de lo sagrado.

Cinco niveles de conciencia
El alma posee cinco grados generales de conciencia denominados: Néfesh-lo presente: el ámbito material sensorial, Rúaj-lo inmediato: el plano emocional, Neshamá-lo cercano: el pensamiento, Jaiá-lo lejano: la voluntad y Iejidá-lo trascendente: lo eterno, el plano espiritual.
Lo presente así como lo inmediato y lo cercano, instinto, emoción y pensamiento respectivamente surgen naturalmente en cada momento de nuestro diario vivir. Lo lejano y trascendente, la voluntad para alcanzar los valores eternos-espirituales, en cambio, exige un esfuerzo, ya que debemos trascender nuestros instintos, emociones y pensamientos supeditándolos a través de la voluntad a principios eternos-espirituales. Cada uno de estos cinco grados se relaciona con una sefirá: Néfesh con Maljút, Rúaj con Tiféret, Neshamá con Biná, Jaía con Jojmá y Iejidá con Kéter. Cada sefirá representa un grado de la Luz Infinita, como una serie de cristales a través de los cuales la Luz va adquiriendo más y más presencia. El Zóhar nos transmite una imagen de ese proceso designando a cada una de las sefirót como el resultado de la luz atravesando cristales de diferentes colores. Negro para Maljút, verde para Tiféret, rojo para Biná, blanco para Jojmá y transparente para Kéter.

La primogenitura por un plato de lentejas
En Bereshít-Génesis 25:30 la Torá nos relata el siguiente episodio entre Esav y su hermano Iaacóv: Dáme de comer ahora de lo rojo, el rojo éste, pues estoy cansado. Entonces le dijo Iaacóv véndeme tu primogenitura. Esav le respondió: He de morir y para qué me sirve la primogenitura. Y Iaacóv le dio pan y guiso de lentejas a cambio de la primogenitura.
El concepto de lo primogénito se refiere al deseo que es lo esencial y lo primero en manifestarse. Los cinco niveles que estudiamos representan cinco grados a través de los cuales se manifiesta nuestro deseo. Néfesh-lo presente, la reacción instintiva, Rúaj-lo inmediato, las emociones y Neshamá-lo cercano, el pensamiento. Cuando el pensamiento no alcanza a discernir en la voluntad por captar lo trascendente, los seres humanos terminamos por justificarnos y adaptar la realidad a nuestras debilidades en lugar de expandirnos a lo eterno.

Lo presente y lo trascendente
Esav vende su primogenitura, el potencial de restaurar su deseo a lo trascendente. «Dáme de comer ahora de lo rojo, el rojo éste, pues estoy cansado». Lo rojo como estudiamos representa al pensamiento-lo cercano que puede darnos el discernimiento para alcanzar lo lejano, la voluntad que no poseemos para alcanzar lo trascendente. Esav se «comió» la percepción inteligible, el pensamiento que logra discernir en los deseos alcanzando así lo trascendente. Esav sacrifica lo trascendente por lo presente, inmediato y cercano. Esav representa la tendencia humana que justificar sus propias debilidades.
Esav se identifico con lo presente inmediato y cercano por ello vendió su primogenitura argumentando «he de morir», los objetivos presentes, inmediatos y cercanos tiene comienzo y fin, mueren, en cambio cuando los supeditamos a lo trascendente se eternizan.