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Actos concientes

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La conciencia comienza a despertar realmente a partir de los actos concretos. Los símbolos y rituales activan en el hombre una forma de conocimiento que lo ayuda a trascender las limitaciones emocionales y mentales.

El auténtico conocimiento espiritual nos introduce a una realidad, no sólo de saber sino de ser y conocer simultáneamente.

La vida conciente basada en la Torá y las mitzvót armoniza los deseos y pensamientos, con el corazón, la respiración, la palabra y el gesto corporal como un todo.
En la realización de las mitzvót el hombre activa tres aspectos generales: pensamiento, habla y acción.

Pensamiento
Cuando el hombre piensa no hace más que racionalizar sus necesidades, anhelos, deseos y en última instancia su voluntad. Pero para tomar la decisión de concretizar o no nuestros deseos, cuándo y de qué forma, debemos confrontarlos a un objetivo. Sólo después de esto puede surgir la posibilidad de elegir y desarrollar la voluntad. El objetivo nos hace tomar conciencia de nuestro deseo y sólo así podremos generar la voluntad para canalizarlo correctamente. El deseo es innato e inconsciente, en cambio la voluntad es conciente y adquirida.

Habla
La tefilá y el estudio de los diversos textos tradicionales realizados con conciencia nos ayudan a activar el altruismo, a partir de lo cual expandimos nuestra percepción respecto al prójimo, al significado de la vida y al Kadósh Barúj Hú.
Por el contrario, el egoísmo conduce a la calumnia, el chisme etc. (lashón hará)
El hombre debe revelar en cada situación la armonía, lo que une y construye: la plenitud de la Luz Infinita, el altruismo.

Acción
Hasta no llegar al mundo de la acción no hay conciencia completa ni posibilidad de armonizar todos los aspectos de la vida, ya que permanecemos en un plano intermedio y meramente especulativo. Cuando nuestros actos concretos también interactúan con las emociones y pensamientos, en armonía con las leyes objetivas, las miztvót, sólo entonces nuestra conciencia se expande positivamente en todos los aspectos de la vida.

El único cambio capaz de modificar la conducta humana radica en la actitud interior, lo que deseamos en nuestro corazón.

Conciencia es la propiedad del alma de ir re-conociéndose en el Kadósh Barúj Hú, ya que «allí está» su origen e identidad.

Solo consigo mismo

«Y quedóse Iaacóv solo»
El texto hebreo dice levadó, cuya traducción literal es solo consigo mismo. La diferencia entre solo, levad ( ), y levadó () es la letra hebrea vav (), cuya característica es unir y/o dar acceso a otra realidad. El vocablo levadó está conformado por cuatro letras: lamed (), bet (), dalet () y vav (), las cuales conforman dos palabras corazón (lev - ) y el prefijo que implica dualidad (dalel-vav / ) señalándonos las dos posibilidades que alberga el corazón: inclinación al bien-altruismo, inclinación al mal-egoísmo. Esto nos indica que el hombre debe hacerse de tiempo para estar solo consigo mismo; reflexionar sobre el sentido de la vida y evaluar la consecuencia de cada uno de sus actos.

«y luchó con «un hombre hasta el amanecer»
«Dentro» de nosotros se encuentra «ese hombre»: nuestra conciencia, nuestra «chispa de Kadósh Barúj Hú», que nos exige permanentemente desarrollarnos espiritualmente. Cuando la ignoramos, ingresamos en una realidad oscura que nos conduce a reaccionar en vez de comprender el sentido de cada una de las situaciones que nos toca vivir. En cambio, a partir de la comprensión y aplicación de los principios espirituales, surge la luz (el amanecer) y se disipan las dudas.

Es necesario comprender el concepto del altruismo no sólo con explicaciones intelectuales, sino permitiendo que llegue a nuestro interior, ayudándonos a trascender los límites impuestos por la frialdad especulativa de la mente cuando no vibra en armonía con el corazón.

 
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