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Mente y cuerpo

 
 

El Número Siete

« Así como tenemos leyes y códigos espirituales respecto a lo que entra y sale por la boca, lo mismo ocurre con la percepción, ya que generalmente actúo acorde a lo que pienso y siento »

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El número siete no es arbitrario dado que la Torá le habla al hombre, siendo que siete nos indica la percepción del hombre: siete son los orificios que el hombre tiene en su cabeza, 2 ojos, 2 oídos, 2 fosas nasales y la boca.
En la cabeza están situadas las facultades más elevadas y los sentidos con los cuales el hombre percibe al mundo. Los orificios pares: ojos, oídos y fosas nasales le transmiten al hombre la información, que luego la mente y la emoción elaboran de acuerdo a sus objetivos y deseos. La boca, el séptimo y el único impar, alude a la articulación sonora, la expresión de cómo el hombre percibe y entiende la realidad. De acuerdo a lo que el hombre manifiesta sabremos sus deseos y aspiraciones. En la boca hay dos aspectos que actúan en sentido inverso, siendo la palabra lo que sale de la boca y el alimento que nutre al hombre lo que entra a través de ella.
Así como tenemos leyes y códigos espirituales respecto a lo que entra y sale por la boca (kashrút material a través de la abstención de ciertos alimentos, y kashrút espiritual evitando la calumnia y la mentira, etc.), lo mismo ocurre con la percepción, ya que generalmente actúo acorde a lo que pienso y siento. Al ser nuestro mundo emocional y mental poderosamente influído por lo que vemos y oímos, es de vital importancia para nuestra vida espiritual que nuestra kashrút no quede restringida sólo a la dieta alimenticia sino que también prestemos atención a cuál es el "alimento" que nutre la emoción y la mente.El hombre debe tener conciencia de los objetivos que lo conducen en cada uno de sus actos.
Es por ello que el trabajo en relación a la Torá y a las mitzvót debe ser dirigido a refinar el deseo y la voluntad, dado que a través de la voluntad se ponen los límites al pensamiento y a la emoción.
Es a través del estudio de la Torá (leyes objetivas de la Creación) y la aplicación de las mitzvót (actos concretos dirigidos al bien colectivo) que el hombre libera su mente y emoción de la especulación sin objetivo. De esta forma los pensamientos y las emociones se dirigen hacia objetivos que trascienden lo momentáneo y pasajero.