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Del hombre al hombre, del hombre al Kadósh Barúj Hú

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Dicha forma de aprehender la vida como un todo se traduce en el modo en el cual el judaísmo percibe la relación del hombre con su prójimo y la relación del hombre con la fuerza generadora y máxima identidad de toda la realidad.

En el judaísmo estos dos aspectos son complementarios y se refuerzan constantemente. Así el hombre tiene la posibilidad de desarrollarse en base a parámetros concretos y evaluar la realidad en todos los ámbitos en los cuales la vida se manifiesta.

Como fue explicado en el item 1 toda filosofía y/o forma de pensamiento desemboca finalmente en un modo de vida y, por lo tanto, en una escala de valores. Es por ello que la educación judía se concentra en el fortalecimiento de la voluntad altruista, ya que es justamente el egoísmo la fuente del mal. Pero, como lo hemos mencionado y desarrollaremos con más profundidad a lo largo del libro, ello debe ser realizado en base a principios universales-objetivos y no solamente de acuerdo a nuestro sentir momentáneo. Dichos principios, como vimos, son las mitzvót que transmite la Torá, puesto que a través del desafío constante de su aplicación nos enfrentamos concientemente con nuestros deseos evaluando objetivamente si nuestro comportamiento es altruista o egoísta.

Las mitzvót son los principios universales que rigen la armonía entre los hombres y los diversos planos de la realidad: material-sensorial, emocional, mental y espiritual. Como ya lo aclaramos son objetivas, de la misma forma en que lo son las leyes que controlan los fenómenos físicos que el hombre no inventa sino que des-cubre, ya que no dependen de lo que sentimos y pensamos, ni de nuestra intelectualización de la realidad.

Hacer hincapié en transformar el egoísmo en altruismo es el objetivo central de la educación judía, ya que el egoísmo nos hace perder objetividad al alejarnos de nuestra verdadera esencia.
De este modo el hombre educa su voluntad y aprende a identificar el bien y elegir por sí mismo.
Entonces logramos expandir y armonizar gradualmente nuestros limitados deseos con la voluntad del Kadósh Barúj Hú siendo ésta, en última instancia, nuestra verdadera y máxima aspiración e identidad.