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La justicia

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De acuerdo a la Torá la justicia es : «lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo», tal como lo expresara Rabí Akiva, el gran Sabio del Talmud y maestro de Rabí Shimón Bar Iojái, autor del libro del Zóhar. «Lo mío es tuyo» significa que lo que yo poseo como individuo, no es sino para ayudar a mi semejante. Como el árbol que es valorado por el fruto que da, lo mismo ocurre con el hombre: es superior cuanto más da de sí a la sociedad.
«Lo tuyo es tuyo» refuerza a «lo mío es tuyo»; ya que cuando todos colaboramos con nuestro semejante y la comunidad sin esperar recompensa, todos nos beneficiamos. Si sólo yo me ocupo de mi, solamente una persona puede ayudarme: yo mismo. Por el contrario, cuando cada uno piensa en ayudar a todos, hay miles de personas que se ocupan de mi. Pero, para que esto se pueda llevar a cabo debemos transformar nuestro deseo de recibir egoísta en altruismo. El egoísmo aumenta nuestra dependencia hacia el mundo material transformándolo en un fin en sí mismo. En general, nuestro deseo es incentivado por el anhelo de poseer más. Esto produce progreso material en un determinado sector a costa del desequilibrio social, el aumento del egoísmo y por ende la disolución de los valores espirituales; siendo el parámetro «lo que tengo» y no «lo que soy». Lo que el hombre tiene le fue otorgado por el Kadósh Barúj Hú, y por dicha razón lo importante no es lo que tenemos, dado que eso no se encuentra bajo nuestro control, sino que el libre albedrío consiste en decidir cómo lo empleamos: en forma egoísta o altruista.

El deseo de recibir no se puede anular, es la esencia del hombre, la energía básica que nos mueve, ya que él es el recipiente del placer. De acuerdo a la Torá debemos educar nuestro deseo y darle la forma correcta: altruismo. De ese modo aprendemos a disfrutar haciendo el bien y tomamos conciencia de las necesidades de nuestro semejante; por ende nuestra percepción comienza a expandirse a todos los ámbitos de la realidad. Sólo entonces el plano material deja de ser el objetivo final, transformándose, ahora sí, en un medio para el verdadero logro: la plenitud del hombre.

Cada una de las diferentes ciencias, artes y formas de conocimiento existentes se concentran en determinados aspectos de la realidad humana. Por ello, debemos distinguir entre la Torá, conjunto de principios universales que conducen al hombre a equilibrar la realidad espiritual, mental, emocional y material-sensorial, y las diferentes sabidurías que actúan en aspectos específicos de la vida.
Toda ideología cuyo objetivo consiste en neutralizar la individualidad, iniciativa y libre albedrío, se encuentra en sentido inverso a la verdadera naturaleza del hombre.
El propósito de la educación debe ser ayudar a balancear dichas tendencias, que conforman las características humanas esenciales en un todo armónico, tal como fue expuesto en el item 10.

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