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Bereshit

 
 

5) Jaiei Sará «La forma arquetípica»

« Los conflictos son producto de una aprehensión distorsionada de la relación arquetípica Kéter-Jojmá- Biná, lo que traducido a la realidad material-sensorial se manifiesta en una percepción deformada de los roles masculino-femenino o sea del significado

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Al final de la parashá Vaierá la Torá relata el nacimiento de Rivká, la futura esposa de Itzják. A continuación en la parashá Jaiei Sará la Torá comienza con el fallecimiento de Sará y finaliza con el de Abraham, los progenitores de Itzják . La Torá nos enseña que la vida es un eterno fluir, el fin de una etapa es el comienzo de otra. Cada generación representa un eslabón más que tiene como finalidad unificar a todos los seres humanos para que alcancen finalmente la armonía infinita, Ein Sof. Como vimos en el comentario a la parashá Lej-Lejá cada una de las personalidades y de las situaciones existenciales que la Torá nos describe señalan un potencial humano y los desafíos para alcanzarlo. Adám señala el principio del ser humano. Adám es creado en el Gan Eden en una situación ideal, allí tiene todo a su disposición sin prácticamente ningún esfuerzo. El único desafío de Adám era «no comer el fruto antes de tiempo», al realizar la acción justa en el momento justo hubiera adquirido el discernimiento para trascender el tiempo y el espacio alcanzando el estado de Ein Sof. A lo largo de la historia, cada individuo, matrimonio y generación se enfrenta, desde diferentes perspectivas, al desafío de Adám y Javá; la diferencia consiste en que Adám y Javá no poseían la experiencia de la equivocación para poder discernir. A partir de ellos, cada nueva generación que surge podrá utilizar la experiencia de sus ancestros al enfrentarse nuevamente al desafío arquetípico humano.

La proyección del desafío edénico
La tradición escrita y oral de Israel recoge la experiencia y la elaboración de todas la generaciones de Sabios, hasta nuestros días, contemplando las diferentes personalidades y tendencias que conforman a los seres humanos, como medio para que la humanidad alcance el objetivo para la cual fue creada. Asi funciona la tradición de Israel: un pueblo que asume concientemente concretizar el desafío que Adám y Javá no lograron. Adám y Javá comprenden todo el potencial y todas las tendencias humanas que en el futuro cada individuo, familia y nación va a asumir. Cada generación y cada pueblo revela a lo largo de la historia un aspecto inherente a Adám y Javá. Los conflictos entre individuos y naciones reactivan nuevamente el desafío edénico. La diversidad de personalidades y tendencias que poseen los seres humanos, estaban ya en potencia en Adám y Javá, siendo esas perspectivas imprescindible para conformar los diversos puntos de vista que nos enriquecen mutuamente. Si todos pensaríamos igual el hombre no se desarrollaría.

El gran puzzle universal
Cada vez que los seres humanos fallamos en superar «nuestro desafío» perdemos la armonía que habíamos logrado hasta ese momento, y aparentemente debemos comenzar todo nuevamente. Pero no es así, los logros permanecen en potencia y nos dan la experiencia para poder alcanzar un nivel aun mayor de armonía en la siguiente etapa. Esa aparente pérdida, como fue la del estado edénico, nos exige a todos tomar conciencia que las características y necesidades específicas de cada individuo, creado por el Kadósh Barúj Hú, son únicas, sagradas e imprescindibles para reconstruir el gran puzzle universal. Este proceso cíclico perdurará hasta que cada ser humano, por el camino de la conciencia o del sufrimiento, se despoje de toda índole de egoísmo, entonces la humanidad alcanzará y concretizará finalmente su desafío arquetípico.

Abraham padre de numerosos pueblos
Abraham y Sara, los progenitores del pueblo de Israel, representan el modelo a partir del cual se van a revelar los componentes necesarios y la forma en que la humanidad, paulatinamente, alcanzará el discernimiento correcto para no repetir el error de Adám y Javá.
En Bereshít-Génesis 17:4-5 el Kadósh Barúj Hú le dice a Abraham «serás padre de numerosos pueblos». Su hijo Ishmael, que concibiera con Agar, la sirvienta de su esposa Sara, generará las bases para todas las formas de percepción de la realidad que adoptarán, a excepción de Israel, todos los pueblos de oriente medio. Itzják hijo de su esposa Sara será quien continuará la cosmovisión de su padre. Posteriormente Iaacov, hijo de Itzják, y sus doce hijos, padres de cada una de las doce tribus de Israel, conformarán las bases del pueblo encargado de transmitir a lo largo de la historia la «percepción judía de la realidad». Los hijos que Abraham procreó posteriormente con sus concubinas serán quienes modelen la percepción oriental de la realidad. Esav, también nieto de Abraham será quien marque las pautas de la concepción del mundo que hoy conocemos como occidente. Abraham genera el escenario propicio para que surjan los desafíos que nos confrontan a las diversas formas de percepción de la realidad hasta que finalmente alcancemos la experiencia y sabiduría que nos conduzca a la armonía universal.

Sará: la forma arquetípica
En los planos espirituales, el ámbito de las gradaciones que estudiamos en la parashá Vaierá, la sefirá Kéter indica la esencia en donde todo es Uno, inmediatamente Jojmá revela el conducto a través del cual fluye la energía infinita y posteriormente Biná señala la forma que la energía infinita va a adquirir. La sefirá Biná conforma el plano espiritual denominado Olam haBria-Mundo de la Creación, es el ámbito donde se definen las caracteírticas de la Neshamá-alma. Kéter nos indica al Kadósh Barúj Hú, Jojmá y Biná son los arquetipos del Hombre y la Mujer respectivamente. Jojmá y Biná, hombre y mujer poseen funciones complementarias. A través del hombre llega la simiente que la mujer cuida y desarrolla en su interior. La mujer le da forma a la energía infinita. A través de Abraham se revela el potencial infinito del Kadósh Barúj Hú, pero será el aspecto femenino quien determinará la forma que adquiera la energía infinita. Sará da a luz a Itzják la continuidad de Abraham, aquí aprendemos las raíces espirituales en que se basa la Halajá, código legal del pueblo de Israel, para determinar que judío es quien nace de madre judía. Toda la realidad proviene de la esencia Kéter y se revela en Biná a través de Jojmá. El Kadósh Barúj Hú creó a Adám y a Javá con el propósito de que alcancen la armonía universa

 
arquetipo
Diez sefirót, diez formas de discernimiento
El árbol de vidas