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Meguilát Ester

« Ajashverosh se sintió deslumbrado inmediatamente por Ester como el deseo humano se siente naturalmente atraído por los ideales expresados en la Torá, pero aún no fue y no es suficiente para implementarlos »

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Introducción

¿Qué es la historia?
La historia es una sucesión continua de causas y consecuencias, acciones y reacciones generadas por el deseo humano. El deseo es innato e inconsciente y adopta ante nuestra percepción dos formas básicas: dar y recibir. La relación entre esas dos fuerzas es lo que produce todos los fenómenos, tanto en el ámbito material-sensorial, el emocional, el mental y el espiritual generando así infinidad de situaciones y conflictos que denominamos historia.

¿Cómo comprender la historia?
Para realizar una correcta evaluación de la historia es necesario sobreponernos a nuestra reacción momentánea de los acontecimientos y analizar la dirección que imprime cada situación en la concreción del objetivo humano. Hasta no percibir el lugar que ocupa cada «pieza» no tendremos conciencia de la función que desempeña cada uno de los aspectos que conforman la realidad y las situaciones históricas.

El objetivo
El deseo es imposible de anular, él es la fuerza que activa todos los procesos, es lo que nos da «la conciencia de ser». Por ello debemos educarlo y darle la forma correcta: altruismo.
Los seres humanos desde siempre anhelamos plenitud. Ella es posible de alcanzar cuando se toma conciencia de la verdadera identidad, origen y propósito. Este es un proceso en el cual la humanidad oscila indefectiblemente entre dos caminos: El camino de la conciencia, mediante la comprensión de los principios de causa y consecuencia que se generan a través de la historia. El camino del sufrimiento, consecuencia de la ignorancia y el egoísmo.

El camino de la conciencia
HaKadósh Barúj Hú es la denominación que utiliza la Sabiduría de Israel para designar la suprema conciencia e identidad de toda la realidad en «donde» todos «somos Uno». Nuestra conciencia del Yo, Anojí, así como la de la Esencia, mientras permanecemos identificados únicamente con el ámbito material-sensorial nos son completamente ajenas, dado que conocer nuestro Yo y conocer la Esencia es lo mismo. Conciencia es la propiedad del alma de ir re-conociéndose en HaKadósh Barúj Hú, ya que «allí está» su origen e identidad.

Distancia y cercanía espiritual
Así como los cuerpos y objetos materiales se separan temporal y espacialmente, así la humanidad se divide y confronta cuando posee objetivos disímiles. Cuanto mayor es la diferencia en el objetivo, mayor será la distancia espiritual y más heterogénea será la conciencia de la realidad. Por el contrario, cuando se comparte el mismo objetivo surge la unidad, la fusión en todos los ámbitos. Cuando los seres humanos nos unimos con el propósito de alcanzar el bien colectivo, nuestras diferencia se diluyen ante ese objetivo que nos unifica así como se unifican los diferentes órganos asociándose para preservar la vida corporal.

El camino del sufrimiento
Cuando el individuo y la sociedad basan conciente o inconscientemente sus vidas en parámetros que conducen a justificar el egoísmo surge la decadencia y finalmente el sufrimiento. El camino del sufrimiento es el «camino corto que resulta largo» ya que aparentemente la satisfacción presente todo lo resuelve, pero finalmente se desemboca en la infelicidad individual y colectiva. Es el resultado de los sistemas espirituales, sociales y educativos basados en la mera acumulación de información, o en el falso discernimiento en pos de objetivos ficticios, los cuales desvían la atención del hombre de la verdadera raíz de todo conflicto: el egoísmo.

El cambio
El único cambio capaz de modificar la conducta humana radica en la actitud interior, lo que deseamos en nuestro corazón. El «mejor» sistema socio-político-económico está destinado a fallar si el hombre es egoísta, ya que los verdaderos cambios y conflictos se desarrollan en nuestro interior. El camino del sufrimiento está signado por una búsqueda permanente en el plano material-sensorial como un fin en sí mismo, el cual desemboca en sociedades insatisfechas que procuran permanentemente «nuevas experiencias». En dichas sociedades las personas son educadas casi exclusivamente a encontrar satisfacción en la realidad material-sensorial, olvidando el desarrollo espiritual que les brinde el componente para poder armonizar todos los ámbitos de sus vidas: el altruismo.

Cómo evaluar una situación
El camino del sufrimiento evalúa toda situación como buena o mala basado en el presente y no en relación al objetivo. O sea que el bien y el mal no deberían medirse sólo de acuerdo a la situación en que se generan, en el presente, sino en relación al objetivo final. Cuando los padres le indican a sus hijos que estudien en lugar de jugar, los niños lo reciben como algo malo dado que en su fase actual de desarrollo la satisfacción momentánea no les permite ver el futuro. Lo que los niños reciben como algo malo, los padres lo imparten como algo bueno. Similar sucede con respecto al desarrollo espiritual de cada ser humano en particular y de la humanidad en general. El tiempo de existencia de cada situación es el período suficiente para que el crecimiento del egoísmo llegue hasta tal grado que la sociedad ya no pueda soportarlo. Es entonces que los hombres se unen, sobreponiéndose y destruyendo dicha situación bajo el propósito común de crear una nueva realidad que substituya a la anterior. Dicha realidad permanecerá el tiempo necesario hasta que los vestigios de egoísmo que hay en ella también se extingan, y así hasta la corrección final de la humanidad. Esto lo observamos a través de las guerras, revoluciones religiosas, políticas y sociales que la humanidad sufre al desilusionarse de los sistemas de vida en que invirtieron sus esfuerzos, por haberse basado tan sólo en la satisfacción presente sin prever los efectos a largo plazo. El fracaso de dichos sistemas es consecuencia directa del desconocimiento de la Esencia espiritual del ser humano, por lo cual desarrollan una educación concentrada casi exclusivamente en el ámbito material sensorial, o sea en una percepción parcial de la realidad. Es así que surgen generaciones de hombres, resultado de sistemas educativos que desconocen los

 
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