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5) Metsorá

« La sofisticada sutileza del poder de seducción puede engañar al más Sabio de los seres humanos cuando no discierne a partir de Principios Superiores »

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La Torá le otorga importancia vital a lo que decimos. La palabra tiene el poder de elevar al hombre y a su prójimo cuando es empleada correctamente o de causar la degradación de una persona, una comunidad y hasta el mundo en su totalidad cuando es expresada como Lashón hará-calumnia. De ahí todas las mitzvót que la Torá nos transmite para ayudarnos a prevenir el lashón hará que, conciente o inconscientemente, tanto daño puede causar.

La vida y la muerte están en manos de la lengua (Mishlei-Proverbios)
Nos enseñan nuestros sabios que si queremos saber en profundidad sobre un tema debemos analizarlo la primera vez que aparece en la Torá y estudiarlo con todas sus implicancias y comentarios tanto de la Torá escrita como la oral (Mishná, Talmud, Halajá, Kabalá, etc.)
La primera vez que en la Torá aparece lashón hará es en Bershít-Génesis, en el episodio de la serpiente. La serpiente incita a Javá a comer del árbol prohibido –el árbol del conocimiento del bien y del mal-. La serpiente hace razonar a Javá y le dice que es ridículo pensar que HaKadósh Barúj Hú creó algo malo para el hombre. Lo que dice la serpiente es verdad siendo que todo fue creado con Sabiduría y bueno en su tiempo. Pero lo que no le dice la serpiente es que para comer de ese árbol debe adquirir la Sabiduría para saber el momento indicado (en su tiempo).

El desarrollo espiritual
Adám y Javá estaban desnudos en el Gan Eden, ello nos quiere indicar que no tenían vergüenza. La falta de vergüenza se debía a que no percibían en sí carencia alguna. La sensación de carencia es la que impulsa a llenar el vacío. Quien se siente enfermo hará cualquier cosa para curarse mientras que quien se siente saludable no busca remedios. La función de percibir la carencia y buscar la forma de completarla es la forma en que los seres humanos nos desarrollamos espiritualmente. Adám y Javá carecían de ese discernimiento, no percibían en sí carencia alguna por lo que no podían cumplir con la misión para la que fueron creados. Adám y Javá recibían y disfrutaban todo los que había en el Gan Eden, pero para alcanzar el objetivo de la Creación: ser en HaKadósh Barúj Hú, debían transformar su recibir pasivo en dar, en altruismo, Su forma, ellos debían recibir con el propósito de dar.

Las fuerzas que despiertan el deseo
Serpiente en hebreo se dice najásh que proviene del verbo lenajésh-adivinar. Najásh señala las fuerzas que despiertan el deseo y la curiosidad, las cuales son positivas cuando discernimos en base a Principios Superiores, el árbol de las Vidas, la Torá. De lo contrario pueden causar daño y transformarse en un medio para justificar los deseos egoístas. El texto bíblico nos dice sobre el árbol del conocimiento del bien y del mal «asher nejmád haetz lehaskíl» que genera pasión desde lejos, a diferencia de los demás árboles ya que de su ingestión se logra lehaskil-el discernimiento superior: meta última de la creación. A continuación y luego de varios discernimientos Javá tomó del fruto, comió y también le dio a Adám. Nos dicen nuestros Sabios que comieron el fruto cuando aún no estaba maduro, cuando Adám y Javá no tenían todavía los elementos y el poder para controlar sus impulsos. La Torá, el árbol de la Sabiduría, es lo que nos da los elementos para discernir en el árbol del conocimiento del bien y del mal. El nombre Javá proviene del concepto experimentar (javaiá). La Torá nos enseña cómo discernir correctamente, entonces evitamos la experiencia que puede dañarnos. Así como los padres que aman a sus hijos les transmiten su sabiduría y experiencia, así la Torá nos transmite mitzvót para que sepamos cómo discernir y no adelantar situaciones para las cuales aún no estamos preparados.

El desafío de la serpiente
La sofisticada sutileza del poder de seducción puede engañar al más Sabio de los seres humanos cuando no discierne a partir de Principios Superiores. Superar el desafío de la serpiente y el árbol del conocimiento del bien y del mal es lo que nos da la sabiduría y la experiencia para desarrollarnos espiritualmente. Si Adám y Javá hubieran probado primero del árbol de las Vidas -la Torá- podrían haber discernido correctamente en el árbol del conocimiento del bien y del mal, entonces la Creación hubiera tomado un rumbo diferente. Así sucede en el mundo y en la vida de cada ser humano: con las mejores buenas intenciones no es suficiente para evitar el lashón hará y el daño que directa o indirectamente puede causar. Precisamos de Principios Superiores –Torá- entonces nuestra vida y el mundo podrán adquirir una dimensión superior.

metzora