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Kóraj

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Kóraj junto a 250 líderes comunitarios se presentaron delante de Moshé y Aharón exigiendo reestructurar ciertos principios de la Torá (Zóhar - Parashát Kóraj HaSulam). Moshé les explica que sus exigencias son contrarias a los Principios Espirituales. Kóraj y sus seguidores no aceptan sus argumentos y lo desafían. HaKadósh Barúj Hú le dice a Moshé que la comunidad debe alejarse de los rebeldes. Inmediatamente se abrió la tierra y los tragó. Los sobrevivientes comenzaron a murmurar contra Moshé, responsabilizándolo de la muerte de Kóraj y sus partidarios, entonces una plaga mató a otras catorce mil setecientas personas. Borrándose así el recuerdo de Kóraj y todos sus seguidores de la congregación de Israel.

Nuestro nacimiento y la vida son fenómenos independientes a nuestra voluntad. No pedimos nacer ni existir. A su vez, toda persona normal ama la vida.
El fenómeno de la existencia engloba dos componentes, uno pasivo: el nacimiento y la vida y otro activo: el amor por la vida.
El amor que cada individuo profesa por sus seres queridos, su pueblo y su tradición es su forma de relacionarse con lo esencial, lo que trasciende las palabras, aquello que no se puede explicar, como la vida misma. Cuando amamos, el corazón inspira a la mente a desarrollar las estructuras que den soporte y continuidad a ese amor. El objetivo de la educación judía consiste en orientar esa fuerza esencial, ese amor, al ámbito de la unidad donde comprendemos que nuestras diferencias son exteriores, secundarias, y que en última instancia todos somos parte de la misma Realidad Infinita. El único bien posible es aquel que nos incluye a todos. En hebreo Amor-Ahava y Uno- Ejad poseen el mismo valor numérico, 13. La Torá nos enseña que 13 son las medidas con las que se gobierna y comprende al mundo, 13 señala el Amor Superior, el altruismo, la única energía capaz de unificar y armonizar a los opuestos.

Re-conociéndonos
Conciencia es la propiedad del alma de ir re-conociéndose en HaKadósh Barúj Hú, ya que «allí está» su origen e identidad. Así como los cuerpos y objetos materiales se separan temporal y espacialmente, las almas -entes incorpóreos- se separan cuando poseen objetivos disímiles. Cuanto mayor es la diferencia en el objetivo, mayor será la distancia espiritual y, por lo tanto, diferente será la conciencia de la realidad. Por el contrario, cuando se comparte el mismo objetivo surge la unidad, la fusión en todos los ámbitos. Así cada alma, cuando des-cubre el deseo altruista, el bien colectivo, aun al hallarse cada una revestida en diferente cuerpo manifiesta un aspecto de la realidad infinita.

Memoria colectiva
Los recuerdos son los componentes fundamentales de la identidad. Un individuo, una familia, una nación no pueden existir como tales sin memoria. Cuanto más recuerdos más intenso será el sentido de pertenencia e identidad. De ahí la insistencia de la Torá en mantener vivo el recuerdo: Recuerda el día que saliste de Mitzráim-Egipto todos los días de tu vida. No te olvides lo que vieron tus ojos el día que estuviste frente a HaKadósh Barúj Hú en Jorev (la entrega de la Torá). Recuerda el día de Shabat para santificarlo. Recuerda el acto de la Creación, etc. Recordar es evocar algo que conocemos. La Torá nos pide que recordemos las situaciones arquetípicas que activan el anhelo esencial del alma. Cuando las evocamos activamos nuestra memoria colectiva y, entonces, tomamos conciencia de nuestra identidad.

La conciencia de ser
Solamente en el Uno, en HaKadósh Barúj Hú «somos», pero para saberlo y serlo debemos recuperar esa conciencia. ¿Cómo hacerlo? Activando el lenguaje que evoca y activa ese recuerdo
El estudio de la Torá, de la Kabalá y el desafío de realizar actos de bien-mitzvót nos da el lenguaje y las vivencias que activan nuestra memoria y el recuerdo de quiénes realmente somos.

¿Cómo percibir la realidad?
Podemos adoptar dos formas generales de percibir la realidad, una objetiva: superar nuestras debilidades y otra subjetiva: justificarlas.
Kóraj fue subjetivo, ello lo condujo a distorsionar la realidad espiritual, quiso «hacernos recordar» algo que no es verdad y por ello la tierra lo tragó. El Midrásh nos enseña que la boca destinada a tragar a Kóraj fue creada antes del mundo, o sea que todo lo que no esté dentro del Plan Universal finalmente desaparecerá.

Torá: un objetivo universal
Los seres humanos fuimos creados con un propósito: ser cada vez mejores, más altruistas.
Cuando incentivamos sistemas educativos que justifican la debilidad humana en lugar de superarnos perdemos la conciencia de nuestro objetivo. La historia demostró cómo grandes culturas desaparecieron y la sociedad degenera cuando la educación no consigue fortalecer la voluntad para que supere los instintos y deseos inferiores. La Torá y las mitzvót, en cambio, mantienen al ser humano alerta con respecto a esas formas de vida protegiendo a la humanidad para que el «antídoto contra el egoísmo» siga su camino.
La Torá abarca setenta grados de comprensión y aplicación de las mitzvót, y no setenta interpretaciones como muchas veces se ha dicho. Debajo de estos setenta grados ya no hay más Luz sino que es todo oscuridad, egoísmo y autojustificación. En cambio, cuando ascendemos sobreponiéndonos a nuestras debilidades, cada grado es un nivel más intenso de la Luz Infinita. Tales grados son peldaños espirituales por los que el alma asciende gradualmente al ir transformando su deseo egoísta en altruismo, hasta finalmente ser en HaKadósh Barúj Hú.

Saber para Ser
Desde la perspectiva judía, el saber, lo intelectual, no es un fin en sí mismo, sino un medio para desarrollar nuestra potencialidad de dar y beneficiar. El verdadero Sabio judío es el hombre que dedica su vida a profundizar en el estudio y la práctica de las leyes que logran armonizar al hombre con su semejante y con la Energía Infinita que nutre a toda la realidad.
La Energía Infinita puede revelarse de dos formas: manifestando todo su potencial o gradualmente. HaKadósh Baúj Hú creó el mundo mediante la medida, entonces graduó su potencial infinito lo cual generó etapas y medidas a partir de las cuales nosotros podemos conocer y conocerLo estableciendo relaciones lógicas de causa y consecuencia. El conocimiento de esa sabiduría -Kabalá- es la llave para ser plenamente. La Kabalá es la Sabiduría que puede librarnos de las dudas y del creer sin argumentación lo cual genera ignorancia, miedo, y finalmente egoísmo. El desconocimiento de la sabiduría de la Kabalá fue y es la causa de que generaciones enteras busquen respuestas a sus interrogantes en la mística y en una intelectualidad sin corazón. Dichas respuestas conducen a una pseudo espiritualidad y a conc

 
quienes somos