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5) Jukát

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Habló IHV”H a Moshé y Aarón diciendo: Esta es la Ley-Jukat de la Torá

Antes de la teoría de la relatividad el hombre observaba al universo a través de una óptica cartesiana. El espacio y el tiempo, la materia y la forma, eran considerados valores independientes sin relación ni influencia entre sí. Después de la teoría de la relatividad la humanidad se confronta a parámetros de medición del tiempo y del espacio que hacen tambalear valores que parecían absolutos. De repente el hombre comprende que puede haber otra lógica, otra forma de percibir la realidad. Surge una nueva dimensión: el espacio-tiempo. Un fluir en el cual los parámetros son relativos al lugar y al tiempo desde donde se realiza la observación. También la conformación del universo en su proceso de expansión a través del espacio será relativa a la cantidad de materia presente en él. Cuanto más materia exista en determinado lugar del Universo, mas se curvará, se encogerá o estirará y el tiempo se hará mas lento.

La mente humana
La mente humana funciona como el universo: se expande tras los pensamientos y la sabiduría adquiridas; ideas y vivencias conquistan el espacio mental vacío conformando nuestra conciencia.

«Y cuando surgió en Su Voluntad Simple crear los mundos y emanar la emanaciones…contrajo el espacio infinito en un punto central y encogió la luz….Y quedó espacio vacío… y el espacio era circular…Y la luz y el espacio adquirieron forma similar… Desde el espacio infinito se expande luz al espacio vacío… para dar realidad a las emanaciones, a las creaciones, a las formaciones y a las acciones…
(Etz Jaím siglo XVI y basado en el Zóhar siglo III recogiendo tradiciones judías de textos como el Bahír, el Sefer Ietzirá, Raziel haMaláj de antigüedad insondable)

El universo de la Kabalá
El universo que nos describe la Kabalá no es sólo el sensorial, la Kabalá nos describe el universo inteligible, el mental y el espiritual. Los movimientos del cosmos son análogos a los movimientos de la voluntad, los pensamientos, las emociones y los actos humanos. Sobre tres pilares el mundo se sustenta nos enseña nuestra tradición. Torá: el estudio de los principios del mundo sensible e inteligible. Avodá: la reflexión y meditación para que el hombre alcance a través de las vivencias espirituales conscientes, Mitzvót, la Realidad Infinita. Gmilút Jasadím: los actos de bien que conducen al altruismo armonizando así toda la realidad. Los Profetas y Sabios de Israel desde tiempos inmemorables percibieron este modelo del Universo. Mientras que la ciencia nos describe la realidad sensorial, la Torá nos dirige a un objetivo: comprometernos en cada uno de nuestros actos a ser parte activa del proceso civilizador que incluye a todo y a todos.

Tiempo, movimiento y conciencia
El movimiento en pos de un objetivo, sea en el plano material sensorial y/o en el inteligible, la mente y el alma, generan tiempo, pero el objetivo final de todo movimiento y por ende del proceso temporal es alcanzar lo infinito donde todos los tiempos se armonizan.
El universo es la consecuencia de los principios que lo rigen. Basado en estos principios, inherentes al universo, que los hombres des-cubren inteligible y sensiblemente, se formulan leyes biológicas, físicas, sociales, espirituales, etc.
La conciencia humana es el resultado de la sabiduría adquirida en su afán de aprehender la relación causa-consecuencia, o sea los principios, que rigen el universo.

Mecanismo cognoscitivo
Toda sabiduría y experiencia que no poseemos se encuentra fuera de nuestra conciencia y dominio. Para lograr que se transforme en parte de nuestra realidad debemos atravesar dos etapas:

a) Desearla.

b) Adquirir la fuerza de voluntad para aprehenderla.

El deseo focaliza las potencias mentales y la voluntad implementa el movimiento en pos del objetivo. Estas dos etapas se alcanzan a partir de una educación que armonice la inteligencia mental y la emocional (en el lenguaje tradicional judío la mente con el corazón).
La educación no es solamente un proceso intelectual, sino que involucra todas las potencialidades humanas.

Provéete de un maestro y conquista un amigo
El hombre, en todas las etapas de su desarrollo, aprende al comienzo por medio de la imitación y luego a través de su propio discernimiento y elaboración. Por ello es fundamental que el proceso educativo se desarrolle en un ambiente de Sabiduría que incentive el altruismo, ya que es el altruismo el discernimiento que induce a la voluntad a trascender los límites del ego. Maestros interiorizados en los principios espirituales, así como amigos que nos sirvan de modelo orientándonos e inspirándonos son los componentes básicos de todo el proceso de aprendizaje. Tal como nos indica el tratado Pirkei Avot de la Mishná: Provéete de un maestro y conquista un amigo.

La función del pensamiento
El deseo es la fuerza innata en pos de conocimiento, posesión y/o disfrute de «una cosa». El deseo es anterior al pensamiento. Cuando el hombre piensa no hace más que articular y darle forma mental a su deseo. Posteriormente y a través de su esfuerzo podrá lograr un grado mayor de voluntad para alcanzar su objetivo y así expandir su conciencia.
De acuerdo a la Sabiduría de la Kabalá el pensamiento no es la causa del deseo sino su consecuencia. La función del pensamiento consiste en discernir a partir de principios objetivos la consecuencias de nuestros actos.

Naasé venishmá (Haremos y comprenderemos) Exodo 24:7
Hasta que los pensamientos y emociones no se revisten y canalizan a través de actos concretos, todo queda en el plano de nuestra imaginación.

 
jukat