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La articulación de los estados espirituales

 
 

El Encadenamiento de los mundos V

« Debemos ser guiados por un verdadero maestro e iniciado, para encontrar el camino correcto que active nuestra Neshamá »

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Cuando nos despertamos, la Neshamá retorna nuevamente al cuerpo devolviéndonos así la conciencia. La Neshamá es la línea de Luz (kav) que contiene todos los grados de la Luz: Néfesh, Rúaj, Neshamá, Jaiá y Iejidá proveniente desde el Infinito, que nos otorga conciencia, voluntad y deseos. La Luz está continuamente presente en nuestra vida, sólo que a veces no le damos la oportunidad para que se manifieste en su plenitud.

La luz de la vela depende de la cantidad y calidad del aire para poder iluminar con mayor o menor intensidad. El aire se denomina en hebreo rúaj, exactamente como el segundo nivel del alma (ver el capítulo "Néfesh - Rúaj - Neshamá"). Rúaj se relaciona con la emoción, que puede ser positiva (ratzón lehashpía) o negativa (ratzón lekabel). El ratzón lehashpía le brinda aire (Rúaj) a la llama, nuestra Neshamá, para que brille más intensamente. En cambio, el ratzón lekabel obstaculiza el fluir de la Luz, ya que el egoísmo la restringe limitándola a nosotros mismos. El ratzón lekabel contrae la Luz al mínimo indispensable, siendo suficiente tan sólo para manifestar el Néfesh (Ver "Las rotaciones del alma).

El estado de jalal panúi / espacio vacío y el de shvirát hakelím/ ruptura de los recipientes son dos obstáculos muy poderosos que la voluntad del hombre debe sobreponer para acceder al estado de Luz retornante /Or jozer y a los grados superiores de la Luz.

Ruptura de los recipientes / Shvirát hakelím

En este estado la voluntad se encuentra dividida ya que no puede soportar la intensidad de la Luz. Cuando la voluntad no consigue darle la dirección correcta al deseo (es decir, recibir para compartir) sino que recibe por egoísmo, obstaculiza el fluir de la Luz y la voluntad se resquebraja. Debemos saber discernir entre lo real y lo imaginario para no dañarnos ni dañar a nuestro semejante. Cada aspecto de la realidad tiene su función precisa y dicho conocimiento nos proporciona la sensibilidad para relacionarnos en forma armónica con la vida.

Para entender con mayor claridad el concepto de shvirát hakelím tomemos por ejemplo: Un hombre carente de estudios y preparación hereda una gran fortuna. Toda esa abundancia material lo supera de tal manera que puede llegar a destruirse y destruir a otros al no saber cómo manejar dicha fortuna (shvirát hakelím). En el caso inverso, una persona tiene en sus manos toda esa energía trás lo cual decide crear fuentes de trabajo para muchas familias, ayudar a estudiosos a desarrollar y difundir sus ideas, etc. En otras palabras: posee los instrumentos para darle a dicha energía la dirección correcta, es decir recibir para compartir. Quien se encuentre identificado con el estado de shvirát hakelím deberá esforzarce por unificar su voluntad y encontrar la sabiduría que acerquen su voluntad y deseo a la línea de Luz (kav) proveniente del Infinito / Ein - Sof. Cuando la voluntad se halla seccionada, el hombre se ve, asimismo, paralizado ante la vida y el trabajo espiritual, ya que percibe la realidad dividida sin divisar la unidad que hay por sobre la aparente multiplicidad. Pero, como en todo rompecabezas, deberá colocar las "piezas" en su justo lugar.

Espacio vacío de Luz / Jalal panúi

Este estado constituye el obstáculo más peligroso para el alma y debemos evitarlo por todos los medios. Si caemos en dicho estado hemos de tratar con todas nuestras fuerzas de salir de allí. La fuerza del jalal panúi es poderosísima ya que es la ausencia de Luz, el vacío, y así como el Infinito llena toda la realidad con su Luz, el jalal panuí es todo obscuridad. Tanto en el estado de Infinito / Ein - Sof como en el estado de jalal panúi/espacio vacío no hay posibilidad de trabajo espiritual. En el Ein -Sof no hay parámetro ni medida ya que todo es Luz y no hay lo qué agregar a la plenitud y completitud allí reinantes. En cambio, en el jalal panúi todo es vacío sin ningún parámetro, ni medida, ni relación, y lo que aparentemente es movimiento no es sino una ilusión, porque el deseo y la voluntad no sufren ningún cambio ni aprendizaje. Solamente el kav/línea de Luz Infinita que penetra en el jalal panúi puede darnos Luz luego del tzimtzúm y así tener un parámetro referencial de cómo salir de la monotonía espiritual y de la dependencia del deseo de recibir egoísta/ ratzón lekabel imperante en el jalal panúi. Luego del tzimtzúm sólo será posible recibir la plenitud de la Luz aplicando la voluntad y el deseo de dar. Es decir, discerniendo (filtrando a través del masáj) en dónde y cómo aplicar nuestra voluntad y deseos. Sólo es posible discernir en base a parámetros reales, apoyados en las leyes objetivas que rigen los diferentes estados de la realidad. La Torá es el kav que logra acercarnos gradualmente a los estados luminosos dejando atrás la obscuridad del jalal panúi. No obstante, debemos saber cómo realizar la lectura correcta de los códigos que la Torá nos transmite.

"El encadenamiento de los mundos es el encadenamiento de las almas", nos enseña el Sabio Rab Ashlag. La Luz de la Neshamá, es una parte del Creador, ya que cada aspecto de la realidad está conformado por grados de dicha Luz, por Neshamót que conforman los peldaños que nos conducen al Infinito / Ein - Sof. Esto nos indica que debemos ser guiados por un verdadero maestro e iniciado, para encontrar el camino correcto que active nuestra Neshamá. A través de ello logramos descifrar el lenguaje de la Torá en su forma original, y nos unimos a la cadena de almas y mundos, ya que quien forma parte del flujo de Luz, él mismo es Luz.

Estos dos obstáculos, la ruptura de los recipientes /shvirát hakelím y el espacio vacío de Luz / jalal panúi se nos presentan constantemente en la vida. Solamente el discernimiento/masáj en el kav/línea de Luz proveniente del Infinito puede darnos la claridad necesaria para "armar el rompeca

 
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