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A medida que el pueblo de Israel se acercaba a la Tierra Prometida, Moshé les describía las vivencias que experimentaron durante sus años en el desierto.

La forma en que cada persona ve el mundo es producto de la interacción de su personalidad, el medioambiente y la educación que recibió. Ello le impone una forma de ser que va más allá de su conciencia. El hombre cree en lo que ve y ve sólo aquello en lo que cree.
La mayoría de los sistemas educativos tienen como objetivo describir la realidad, o más precisamente una percepción particular de la realidad. Conceptos tales como conciencia, amor, el fin con que o por que se hace algo son temas que generalmente no se abordan.

Un ámbito que integra y unifica
Nuestra vida se desarrolla dentro de un ecosistema biológico y sociocultural influyéndonos material, afectiva y mentalmente. Lo que sucede en cada uno de estos ámbitos desencadena procesos que repercuten haciendo que sea imposible entender siquiera un pequeño aspecto de la realidad, a menos que lo comprendamos integralmente. La vida, a pesar de estar compuesta por diversidad de aspectos, se nos presenta como un todo.
Nuestra percepción de la realidad no se encuentra en los sentidos ni en el cerebro ni en el corazón, sino en un plano que integra y unifica a todos ellos. Es el ámbito denominado por la Kabalá rujaní-espiritual, el mundo de la neshamá-alma.

Interactuando con otra dimensión
La esencia de todas las cosas es tal que hay una tendencia natural a la armonía. Salud y justicia señalan armonía mientras que enfermedad e injusticia denotan su falta. La armonía depende de la relación entre las partes y el todo.
La salud es un todo, o se está sano o se está enfermo. Muchas personas viven enfermas tal vez porque en su vida interior hay conflictos sin resolver. Cuando una persona guarda rencores que le producen amarguras, entonces el cuerpo mismo asume una actitud que lo lleva a enfermarse. Para solucionar estas situaciones no es suficiente un tratamiento pasivo sobre el aspecto corporal, la persona precisa asumir un rol activo que lo involucre integralmente, espiritualmente, debe rever la forma en que se relaciona con la vida.
El elemento dominante en los procesos de sanación es el poder interactuar con otra dimensión de la conciencia capaz de generar fé (ver emuná) que da lugar al optimismo. Una fuerza superior que trabaja junto conmigo: yo creo que la Fuente Infinita que sustenta la Vida, la Armonía Superior, participa en el restablecimiento del equilibrio integral de nuestra vida.

Una sutil armonía
La sensación de armonía, de satisfacción, implica tanto lo corporal, lo afectivo, lo mental y la dimensión trascendente del ser humano: lo espiritual. Cada ámbito retroactúa sobre el resto y la armonía depende de ese sutil equilibrio.
La armonía está regulada no sólo por elementos tangibles conocidos, sino que también por influencias invisibles.
Lo mental confiere cierta noción de la realidad pero también la limita. Por ello la experiencia y aprehensión interior de los símbolos y ritos, asociados al estudio conciente, nos ayudan a trascender las formas puramente intelectuales.
El ritual organiza las influencias invisibles transportando a la persona a una dimensión que energiza la mente y la emoción. Sólo un objetivo trascendente puede generar la motivación para enfrentar la vida integralmente.

El todo y las partes
La lógica inmediata nos diría que el todo es la suma de sus partes. Pero la realidad nos muestra que no es así. Procesadores, cables, dispositivos de video, etc. cuando son ensamblados de determinado modo conforman una computadora. Una computadora es muchísimo más que la suma de sus componentes.
El ser humano es mucho más que la suma de huesos, tendones, carne, piel, corazón, cerebro, etc. El todo se conforma a través de sus partes, pero cuando alcanzamos el todo ingresamos a otra realidad que es absolutamente nueva y diferente a sus partes. Así cada ser humano a través de su particularidad es imprescindible para que surja la Armonía Universal y cuando surge, el esfuerzo se transforma en placer sin distinguir uno del otro.
El trabajo espiritual que aprendemos en la Torá y más precisamente en la Kabalá: el desafío en realizar mitzvót es análogo al esfuerzo de quien arma una gran estructura, el producto final es algo completamente nuevo que sobrepasa infinitamente al conjunto de sus componentes. Así también nuestras vidas y experiencias cuando se unen a un objetivo común con el prójimo generan una fuerza que nos abre la puerta a una nueva realidad.

Expansión y límite
El todo está en cada una de las partes y la parte está en el todo, pero de diferente forma. La parte limita al todo, en cambio el todo expande a la parte. Parte y todo son dos formas de percibir la realidad. Cuando percibo desde el todo la conciencia se libera para percibir la unidad inmanente de toda la realidad.
A medida que el pueblo de Israel se acercaba a la Tierra Prometida, Moshé les describía las vivencias que experimentaron durante sus años en el desierto.
Moshé indica la conciencia espiritual de la neshamá capaz de percibir el Todo.
Israel señala al deseo de la neshamá cuando discierne con el objetivo de alcanzar la conciencia del Todo. Israel representa el esfuerzo incesante de integrar la percepción material-sensorial, la emocional y la mental a la espiritual unificándolas.
La Tierra Prometida designa al ámbito donde se logran las condiciones para aprehender la Armonía Universal.
A medida que el pueblo de Israel, el discernimiento superior, se acercaba a la Tierra Prometida Moshé les hacía tomar conciencia del orden superior que fue marcando las vivencias que experimentaron durante sus años en el desierto.
Cada una de las experiencias de Israel en el desierto, como cada uno de los aspectos que conforman la realidad, nos enseñan que cada vivencia es un componente, una pieza única del gran puzzle universal.