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La Torá, un proyecto universal

 
 

Un ideal indispensable

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Cuando el orden esencial se pierde surge el caos. La armonía, en cambio, es el resultado del esfuerzo humano por preservar el orden esencial en donde cada componente ocupa su lugar. El retorno del Pueblo de Israel a su tierra después de casi 2000 años de exilio señala el comienzo del retorno al orden esencial. Ese proceso denominado sionismo no es nuevo para el mundo ni para el pueblo de Israel, comenzó hace casi 4000 años con el patriarca Abraham. El Libro de los libros lo registra y es de dominio público «Deja tu tierra, tu patria y la casa paterna y diríjete a la tierra que Habré de mostrarte» (Bereshít -Génesis 12:1). Ese ideal lo continuará su hijo Itzják (…es a través de Itzjak que tu descendencia portará tu nombre -Génesis 21:12-, …confirmaré Mi pacto con Itzják como Pacto Eterno para con su descendencia -Génesis17:19-) y posteriormente su nieto Iaacóv padre de las doce tribus de Israel, etc.
De acuerdo a la Kabalá Abraham representa el potencial humano de alcanzar la bondad superior. Ello se logra a partir de la trascendencia de los tres ámbitos mencionados, tu tierra: los deseos innatos (instintivos), tu patria: las costumbres y forma de vida que esos deseos generan, la casa paterna: el respeto por quien le inspiró una forma de vida pagana, para poder dirigirse «a la tierra que Habré de mostrarte»: la voluntad en armonía con los principios superiores. A Abraham se le exige trascender todo lo que genera o pueda generar egoísmo y «partir» en pos del altruismo. Abraham nace en el año 1948 del calendario hebreo, el moderno estado de Israel en el año 1948 de la era común.

Una nueva era
El nacimiento del pueblo de Israel señala el comienzo de una nueva era, un pueblo toma sobre sí el desafío de implementar un sistema espiritual que transforme el egoísmo en altruismo, la civilización. Previo a la Torá el conocimiento de las leyes que rigen la Creación era patrimonio de individuos altamente espirituales como Abraham, Itzják y Iaacóv. Los grandes Sabios e Iniciados, los Profetas y Patriarcas, tenían visiones espirituales; pero carecían aún de la posibilidad de transformar al mundo. Ellos preparaban la futura recepción colectiva de la Torá. A partir del liderazgo de Moshé el pueblo judío se consolida como nación, permitiendo la posibilidad de expandir los Principios Universales; un pueblo entero en su tierra dedicado a un proyecto: lograr la Armonía Universal a través del altruismo.
Lo que comenzó con los patriarcas, como una búsqueda espiritual individual, se extiende a nivel de una nación.
Abraham Avinu nos enseña cómo superar el egoísmo, el estado imperante en el mundo, (Tikún haBriá). Moshé Rabeinu revela a nivel colectivo el objetivo de la Creación (Tajlí haBriá), recibir la Plenitud Infinita a través de las leyes objetivas codificadas en la Torá .
Israel define un nuevo estándar al aceptar el desafío de implementar los postulados civilizadores de la Torá: no codiciar, no robar, no asesinar, no adulterar, el respeto por los progenitores, etc. Esa iniciativa lo transformó automáticamente en el centro de todas las críticas, ya que al definir ese nuevo estándar enfrenta a la humanidad a su real desafío: tomar conciencia del egoísmo y corregirlo, y como es sabido «a nadie le gusta escuchar a su conciencia».

Una fuente de inspiración
Este ideal no es simple de lograr pero es el único que puede darnos a todos la tan ansiada Paz-Shalom. Por más de tres mil años éste es y ha sido el objetivo a través del cual Israel inspiró e inspira a los más grandes pensadores y profetas que ha dado la humanidad. Así como el patriarca Iaacov luchó interiormente y logró transformar su egoísmo en altruismo con el propósito de establecer las normas básicas para el futuro pueblo de Israel, así la Torá inspira a cada integrante de la familia humana a alcanzar ese mismo estándar en su vida para recrear un mundo en el que todos alcancemos juntos la Armonía Universal.

A través de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra (Bereshít –Génesis 12:3)
Cuando se pone en duda el derecho del pueblo de Israel sobre la tierra de Israel no sólo se distorsiona la identidad judía sino que se le quita al mundo entero su identidad, su esencia. Pretender desvirtuar la milenaria historia del pueblo de Israel y por lo tanto el derecho sobre su tierra, la originalidad de sus formas tradicionales y valores conduce al caos, ya que implicaría suponer que toda la historia universal y los valores más preciados que la humanidad posee se basan en una mentira.
Así como la oscuridad no es sino la falta de luz, así la mentira no puede existir si no está apoyada en una verdad. La sabiduría de Israel estableció las bases para crear una civilización justa para toda la humanidad. Ella nos enseña los objetivos: la justicia, el bien, el altruismo y la forma de alcanzarlos: no asesinar, no robar, no adulterar, etc. Después de que el pueblo de Israel articuló e inspiró durante miles de años al mundo con su sabiduría, a través de la tradición escrita y oral, basado no en revelaciones personales de algunos profetas sino en una revelación colectiva: Sinai, un pueblo entero es testigo de la entrega de la Torá es muy fácil para cualquiera atribuirse el mérito del trabajo ajeno. Los valores de la Torá son esenciales y no son proclives a la distorsión como no lo son los principios de la materia, son principios arquetípicos inherentes a la propia esencia del mundo, que sólo funcionan cuando los componentes son activados respetando parámetros esenciales: un pueblo: Israel, en su tierra: Israel, tal como lo indicó HaKadósh Barúj Hú en Su Torá. Sólo esa fórmula es la que trae la Luz. Ki mi tzión tetzé Torá udvar HaShem mi Irushalaim, desde Tzi&oa

 
esencia de israel