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La iniciación

 
 

Luz para los pueblos

« Cuanto mayor es el desarrollo espiritual: altruismo, menor será nuestra vulnerabilidad hacia el mal »

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Abraham, Itzják y Iaacóv dedicaron sus vidas a des-cubrir los principios universales (consultar "Leyes espirituales" , "¿principios creados...?" y Principios universales...) alcanzando así una elevada espiritualidad, de ese modo llegaron a la Torá aún antes de la revelación de Sinái.
Nosotros, su continuidad, logramos recibirla como nación por su influencia en las generaciones posteriores. De igual modo cada generación orienta a sus hijos, nietos, etc., educándolos en las leyes universales codificadas en la Torá.

El significado del concepto «Luz para los pueblos» (en hebreo Or lagoím) que atribuye la Torá al pueblo de Israel, se refiere al rol de Israel con respecto al resto de las naciones. Igualmente debemos entender la influencia de los Patriarcas sobre el pueblo de Israel y el de cada generación con la siguiente. Mas debemos comprender este concepto en su índole interior:
Israel, «el pueblo elegido», es el nombre que adquiere Iaacóv luego de ser iniciado en los niveles más profundos de la Torá, cuando supera los ámbitos egoístas de la realidad, como está detallado a partir de Génesis-Bereshít 32:25:

Y quedóse Iaacóv solo, y luchó con «un hombre» hasta el amanecer. Y cuando (el hombre) vio que no podía vencerlo, le presionó la articulación de la cadera, en su lucha con él, y la descoyuntó. Y le dijo (a Iaacóv) déjame ir pues llegó el alba. Pero (Iaacóv) le contestó: No te dejaré ir salvo que me bendigas. Entonces preguntó (el hombre) ¿Cómo te llamas? Y contestó Iaacóv. Y le dijo tu nombre ya no será más Iaacóv, sino Israel porque has luchado con Elokím () y con hombres y has prevalecido.

Y quedóse Iaacóv solo El texto hebreo dice levadó (), cuya traducción literal es solo consigo mismo. La diferencia entre solo, levad (), y levadó () es la letra hebrea vav (), cuya característica es unir y/o dar acceso a otra realidad. El vocablo levadó está conformado por cuatro letras: lamed (), bet (), dalet () y vav (), las cuales conforman dos palabras corazón () y el prefijo que implica dualidad () señalándonos las dos posibilidades que alberga el corazón: inclinación al bien-altruismo y/o inclinación al mal-egoísmo. Esto nos indica que el hombre debe hacerse de tiempo para estar solo consigo mismo; reflexionar sobre el sentido de la vida y evaluar la consecuencia de cada uno de sus actos.

y luchó con «un hombre» «Dentro» de nosotros se encuentra «ese hombre»: nuestra conciencia, nuestra «chispa de Kadósh Barúj Hú», que nos exige permanentemente desarrollarnos espiritualmente. Cuando la ignoramos, ingresamos en una realidad oscura que nos conduce a reaccionar en vez de comprender el sentido de cada una de las situaciones que nos toca vivir.

hasta el amanecer A partir de la comprensión y aplicación de los principios espirituales, surge la luz (el amanecer) y se disipan las dudas (veáse "Espiritual y material").

Y cuando (el hombre) vio que no podía vencerlo El egoísmo, la fuente de todos los sufrimientos, es la forma que adopta nuestra conciencia («ese hombre») cuando ignoramos nuestra Esencia -nuestra chispa de Kadósh Barúj Hú- y es «quien» puede vencernos. En cambio, cuando el hombre se desarrolla espiritualmente logra sobreponerse a los deseos egoístas, entonces ya no será cautivado por ellos (vio que no podía vencerlo). Ahí comienza a surgir la verdadera libertad: el altruismo.

le presionó la articulación de la cadera, en su lucha con él, y la descoyuntó El acto del descoyuntamiento nos indica la superación de la realidad material-sensorial como un fin en sí mismo.
Todo ser creado posee indefectiblemente deseo de recibir, ya que el deseo es la naturaleza básica de la Creación, la fuerza que nos impulsa a crecer y desarrollarnos. Esta substancia es la materia prima de la realidad, y la energía que puede darnos plenitud cuando la transformamos en altruismo. De lo contrario, al ser accionada en forma egoísta, se convierte en una fuerza esclavizante que conduce a todas las formas de dependencia y sufrimiento tanto individual como colectivo.

Cuanto mayor es el desarrollo espiritual: altruismo, menor será nuestra vulnerabilidad hacia el mal. En cambio, hasta no lograr el «descoyuntamiento» del egoísmo éste continuará afectándonos en la medida en que estemos identificados con él.

Y le dijo (a Iaacóv) déjame ir pues llegó el alba En la Luz se disipa toda la ilusión y surge la verdad. El hombre debe saber revelar la Luz, pero también le es imprescindible poseer la fuerza para alejarse de la oscuridad. La oscuridad no es más que el ocultamiento de la luz, por ello no debemos dejarnos vencer por la oscuridad sino revelar la Luz [30].

Pero (Iaacóv) le contestó: No te dejaré ir salvo que me bendigas Cada pensamiento, emoción y situación a la cual la vida nos enfrenta tiene una única fuente: el Kadósh Barúj Hú. Las experiencias que vivimos son causales y no casuales, siendo irrepetible la posibilidad de aprendizaje que nos brindan.
Por ello dice Iaacóv No te dejaré ir salvo que me bendigas, la bendición es la toma de conciencia del o