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De la teoría a la práctica

 
 

Cuatro prácticas ancestrales II

« La halajá (ley judía) nos ayuda a no autoengañarnos y pensar que podemos ser "altamente espirituales" y olvidarnos de quienes se encuentran a nuestro lado »

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Las mitzvót se dividen en dos grupos generales:

1) Las que relacionan al hombre con su prójimo (ben adam lejaveró).

2) Las que relacionan al hombre con el Lugar - raíz y causa de toda la realidad, el Kadósh Barúj Hú (ben adam laMakóm).

Las primeras refinan el deseo del hombre a través de la relación con su semejante y con la sociedad en general y se encuentran sintetizadas en la mitzvá:

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

Las segundas refinan el deseo del hombre con respecto a la Luz Infinita fusionándolo con los estados superiores del alma. La raíz de las mitzvót del hombre con respecto al Lugar está mencionada en el primer postulado del Decálogo:

YO SOY IHVH -

Esto implica que el hombre debe conocer y unificarse con la Luz Infinita y como el Kadósh Barúj Hú, el hombre debe dar y beneficiar a todas las creaturas.
El trabajo espiritual en la Torá y las mitzvót acerca gradualmente al hombre hacia el Lugar y raíz desde el cual toda la realidad es generada: el Infinito / Ein-Sof.
De ahí los cinco nombres del alma: Néfesh, Rúaj, Neshamá, Jaiá y Iejidá, los cuales indican el grado y la distancia espiritual del hombre respecto de la Luz Infinita.

Neshamá
proviene del verbo respirar y designa la generalidad de la Luz que se expande de EL.
La actividad del Rúaj (que también significa viento y aliento) trae la Neshamá de vidas (Nishmát jaím) a través de las fosas nasales del hombre y lo hace poseedor de un Néfesh vivo.
Luego, ese aliento desciende y vitaliza al cuerpo. A medida que la energía - Luz de vidas - desciende por los mundos adquiere materialidad, es decir ratzón lekabel, hasta concretizarse en la respiración y el ritmo cardíaco. Luego, la sangre irriga todos los órganos del cuerpo, dándoles vida y transformando dicho ratzón lekabel en actos concretos. El trabajo espiritual del hombre, a través de la Torá y las mitzvót, transforma dichos actos concretos en ratzón lehashpía. Debido a ello, el trabajo espiritual de Israel se concentra en la dirección superior del aliento y la respiración, unificando así toda la multiplicidad del mundo material - sensorial con la fuente de la Luz, causa y raíz de todo lo creado. De lo contrario, disgregaríamos nuestra energía, dado que al concentrarnos tan sólo en los procesos respiratorios y sensoriales limitamos la realidad a nosotros mismos aumentando así el ratzón lekabel, el egoísmo.

Por esta razón, la denominación que la Kabalá emplea para designar a la energía de vidas es Luz - Or. El vocablo Or indica en sí mismo la dirección y objetivo al cual el hombre debe orientar su voluntad y deseo, la plenitud que abarca todo y a todas las creaturas, la Luz Infinita /Ein-Sof.

Néfesh,
() Impulso de fuego, la energía que provee de calor y movimiento al cuerpo.
Se expresa en el kidúsh del séptimo día: "Shabat vainafásh" cuyo significado es que cesa el movimiento y el trabajo luego de terminada la Obra (la Creación), y llega el descanso (Shabat). El Sabio Kabalista el Rabino I.L. Ashlag nos explica que el significado de esta frase es el siguiente: "Luego de finalizada la Creación el Néfesh se pierde, ya que no hay más necesidad de él" (Or haBahír, pag. 226 Néfesh).
Esto sucede porque el Néfesh es el aspecto de la Neshamá relacionado con la vida sensorial y el deseo de recibir inferior. Luego de la reintegración del deseo a su raíz, del klí al Or, también el Néfesh se integra a la Luz y entonces no se lo percibe como ente separado.

Las mitzvót en relación al prójimo (ben adam lejaveró) son indispensables para acceder a las que relacionan al hombre con el Lugar (ben adam laMakóm), ya que en éstas últimas corremos el riesgo de mecanizarnos y automatizar nuestra vida espiritual. En cambio, en las primeras, el dinamismo de cada situación nos exige estar plenamente concientes de las necesidades de nuestro semejante.
Debido a ello debemos trabajar sobre todas ellas en igual medida, pero sin olvidar que las mitzvót con respecto al prójimo anteceden a las mitzvót relacionadas con el Lugar.
La halajá [*] nos enseña que para salvar una vida podemos pasar por alto las mitzvót relacionadas con el Lugar, como el Shabat, festividades, etc.
La halajá nos ayuda a no autoengañarnos y pensar que podemos ser "altamente espirituales" y olvidarnos de quienes se encuentran a nuestro lado.

Mediante la CIRCUNCISIÓN y la limitación sobre sus instintos, el hombre da el primer paso hacia la liberación de la dependencia de los deseos inferiores y egoístas.
La energía de la vida manifestada a través de nuestros deseos es poderosísima, como lo es la fuerza del mar. Sin los límites adecuados, el mar puede destruirnos.

En cambio, si construimos una represa que lo contenga y lo regule, esa misma energía puede dar luz al mundo entero.

El libro "Tikunéi Zóhar" ("Mlejet haSulám" pag. bet) nos transmite que mediante la circuncisión liberamos el Néfesh de la influencia más densa del ratzón lekabel.
Esto sucede ya que al quitar el prepucio mediante la circuncisión/brit milá nos liberamos de tres envolturas, cáscaras negativas /klipót las cuales impiden a nuestros pensamientos, emociones y actos manifestar ratzón lehashpía.
El brit milá es una iniciación, pero para que el camino espiritual judío se concretice, debemos sobreponernos a los diferentes aspectos que estas tres envolturas o cáscaras negativas/k

 
autoengaño
Cuatro prácticas ancestrales I
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