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El camino del sufrimiento

« El "mejor" sistema socio-político-económico está destinado a fallar si el hombre es egoísta »

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Cuando el individuo y la sociedad basan conciente o inconcientemente sus vidas en parámetros que conducen a justificar el egoísmo, tal como fue explicado en Cuatro formas generales y en Haskalá- Havaná-Hasagá, surge la decadencia y finalmente el sufrimiento.

El camino del sufrimiento es el «camino corto que resulta largo» ya que aparentemente la satisfacción presente todo lo resuelve, pero finalmente se desemboca en la infelicidad individual y colectiva. Es el resultado de los sistemas espirituales, sociales y educativos basados en la mera acumulación de información, o en el falso discernimiento en pos de objetivos ficticios, los cuales desvían la atención del hombre de la verdadera raíz de todo conflicto: el egoísmo.

El único cambio capaz de modificar la conducta humana radica en la actitud interior, lo que deseamos en nuestro corazón. El «mejor» sistema socio-político-económico está destinado a fallar si el hombre es egoísta, ya que los verdaderos cambios y conflictos se desarrollan en nuestro interior.

El camino del sufrimiento está signado por una búsqueda permanente en el plano material-sensorial como un fin en sí mismo, el cual desemboca en sociedades insatisfechas que procuran permanentemente «nuevas experiencias». En dichas sociedades las personas son educadas casi exclusivamente a encontrar satisfacción en la realidad material-sensorial, olvidando el desarrollo espiritual que les brinde el componente para poder armonizar todos los ámbitos de sus vidas: el altruismo.

El camino del sufrimiento evalúa toda situación como buena basado en el presente y no en relación al objetivo.
Recordemos que el bien y el mal no se miden de acuerdo a la situación en que se generan, en el presente, sino en relación al objetivo final (ver El bien y el mal y El objetivo).

Cuando los padres le indican a sus hijos que estudien en lugar de jugar, los niños lo reciben como algo malo, dado que en su fase actual de desarrollo la satisfacción momentánea no les permite ver el futuro.
Lo que los niños reciben como algo malo, los padres lo imparten como algo bueno.

¿Quién tiene razón?

Por supuesto que los padres, ya que ellos «ven más lejos».

Igualmente sucede con respecto al desarrollo espiritual de cada hombre en particular y de la humanidad en general. Surgen períodos de gran motivación en pos de «grandes objetivos», revoluciones sociales y culturales, que finalmente se desvanecen por haber estado basadas en parámetros artificiales que no responden a la verdadera naturaleza del hombre, ya que no lo colman.
Todo lo expuesto se traduce en características individuales y sociales que terminan por diluir la aparente bondad que constantemente se busca:

Los proyectos que conducen al surgimiento del bien se diluyen cuando llega el momento de asumir compromisos y enfrentar obstáculos.

Conforme a la historia personal y colectiva que resulta de esta forma de vida, el tiempo de existencia de cada situación es el período suficiente para el crecimiento del egoísmo hasta el grado en que la sociedad ya no pueda soportarlo. Es entonces que los hombres se unen, sobreponiéndose y destruyendo dicha situación bajo el propósito común de crear una nueva realidad que substituya a la anterior. Dicha realidad permanecerá el tiempo necesario hasta que los vestigios de egoísmo que hay en ella también se extingan, y así hasta la corrección final de la humanidad [14].
Esto lo observamos a través de las guerras, revoluciones religiosas, políticas y sociales que la humanidad sufre al desilusionarse de los sistemas de vida en que invirtieron sus esfuerzos, por haberse basado tan sólo en la satisfacción presente sin prever los efectos a largo plazo (consultar Cuatro formas generales).

El fracaso de dichos sistemas es consecuencia directa del desconocimiento de la Esencia espiritual del ser humano, por lo cual desarrollan una educación concentrada casi exclusivamente en el ámbito material sensorial, o sea en una percepción parcial de la realidad. Es así que surgen generaciones de hombres resultado de sistemas educativos que desconocen los objetivos de la vida y, más aún, la forma de alcanzarlos. Esta ignorancia incide para que los responsables de la educación colaboren, sin conciencia del alcance de sus desiciones, a justificar y estimular la debilidad humana en lugar de ofrecerle al hombre desafíos en pos de su perfeccionamiento y modelos a imitar que lo conduzcan al bien: al altruismo.

[14] Esto se denomina en el lenguage de la Torá y la Kabalá Gmar haTikún, la finalización de la corrección del deseo de recibir egoísta transformándolo en altruismo.